Escrito por Juan Daniel
Ellos solo quieren compartir buen cine en su barrio. Se llaman Omar, Jose y Daniel, y todos viven en Pueblo Libre. Este pasado miércoles 18 de agosto inauguraron por fin su cineclub entre contemporáneos, cervezas, cigarros y los valiosísimos cortometrajes del cineasta peruano Aldo Salvini.


Desde que volví a vivir en Lima después de casi tres años en Buenos Aires, me chocó la escacez de espacios culturales a los que me había ¿mal? acostumbrado. En poco tiempo comprendí que Lima era una ciudad de protestas estériles, una sociedad basada en la exclusión y la frustración, donde cualquier evento cultural está repleto de gestos aristocráticos propios del virreinato (ejm. Festival de Lima) y un mal gusto senil demasiado hediondo. Tan solo en blogs se encontraban a auténticos interesados en arte joven e irreverente, pero ¿en qué parte física de Lima podrían caber?
Felizmente a los pocas semanas tuve la chance de conocer el proyecto de La Casa del Auxilio, propio de Katia de la Cruz (integrante de la banda Moldes) que proponía conciertos y fiestas baratas (de 5 a 10 soles la entrada) en el hasta hace poco abandonado Centro de Lima, mezclando en una misma noche a bandas nacionales que iban desde salsa psicodélica hasta rockabillies o del hip hop feminista al chiptune. En ocasiones esto era acompañado de muestras fotográficas, instalaciones o perfomances, que encajaban genialmente en el hospital abandonado que se caía a pedazos en el Jirón Chota. A veces incluso proyectaban cortometrajes, pero el cine no es muy compatible con un sábado etílico por la noche.
Y entonces empecé a visitar los centros culturales e instituciones que disponían de cineclubes. Hay algunos que vienen funcionando hace años como la Ventana Indiscreta que tal vez tenga la mejor sala peor aprovechada, ya que la construyeron en medio del enorme campus de la Universidad de Lima. El ingreso a este cineclub es tan complicado (hasta te piden que dejes tu DNI) que te da la sensación de estar colándote a una fiesta a la que no estás bienvenido. Por otro lado, está el CAFAE-SE con su constante proyección de producciones locales en digital todos los viernes. Muchos tenemos que agradecer por esa iniciativa ya que nos dio una plataforma para mostrar nuestros trabajos sin discriminación. Lo malo es que el público está conformado mayormente por jubilados que van más que todo porque el ingreso es gratis y su casa está cerca, recuerdo intensos ronquidos en la primera proyección de Reminiscencias. Algo parecido pasa con el resto de cineclubes, aunque existen excepciones como las programaciones muy interesantes de Mario Castro Cobos y César Guerra con el cineclub de la Universidad Cayetano Heredia o la de Eduardo Quispe en la UTP, que insisten en difundir las nuevas tendencias cinematográficas internacionales (gracias a Polvos Azules & Co.) y lo más reciente del cine digital local.



Pero yo seguía insatisfecho, aunque aplaudo esas iniciativas, me da la sensación de que a la gente que le debería llegar ese material aún anda incomunicada. ¿Quiénes son ellos? Pues los jóvenes cinéfilos que piensan que el buen cine solo se puede ver en su computadora o los que andan haciendo sus primeros cortometrajes sintiéndose huérfanos y desolados en medio de Lima. Y seguro que la información les llega, pero el transporte de Lima es tan caótico y la cultura está tan centralizada entre Miraflores y San Isidro que para cualquier entusiasta se le hace un viaje épico en hora punta ir a ver una película en un asiento algo incómodo para después volver a casa. Y eso lo podría hacer sin necesidad de moverse, ¿no?
Es por esto que además de aplaudir, brindamos (a solo 3 soles la lata de chela) por la iniciativa de Jose, Daniel y Omar, que unieron fuerzas con el El Galpón, espacio cultural independiente dedicado mayormente al arte escénico donde desde este miércoles 18 de agosto se incorporó el Cineclub de Pueblo Libre.
El evento fue un verdadero éxito, una inauguración a sala llena de sangre joven que después de ver los cortometrajes de Aldo Salvini se unieron a la discusión sobre los mismos mientras celebrabamos la conquista de un nuevo espacio cinematográfico libre de instituciones y de restricciones de forma. Pueblo Libre es un distrito como muchos otros de Lima, con muchos jóvenes con mucha demanda de consumir cultura, pero con poca o ninguna oferta a la mano. A ver si algunos más con algún espacio disponibe pero con creatividad y entusiasmo abre otro Cineclub, y así sumamos más barrios con espacios culturales propios. Es la única forma de combatir con dinamismo el caos del transporte público, el centralismo cultural y la soporífera ortodoxia de las instituciones.


No se pierdan el siguiente miércoles 25 de agosto Bala perdida, el único largometraje de ficción de Salvini quien estará luego de la proyección para discutir con el público y a lo mejor hasta compartir un par de chelas y cigarrillos.
Cineclub de Pueblo Libre. Todos los miércoles a las 7:30 pm en Cipriano Dulanto 949- ex La mar. Pueblo Libre.
…e incluso, si se descentralizara el consumo de cine y de varios productos artísticos y culturales en Lima, ¡el tráfico sería menos caótico!
Si se abriera más cineclubes, salas de teatro, centros de tertulia literaria y poética, salas independientes para exposición de artes plásticas, talleres de enseñanza de diferentes artes, etc., etc., etc… el tránsito vehicular y peatonal, se vería reducido por lo menos en un poquito.
Ahora, la cultura no está prisionera entre Miraflores y San Isidro. La cultura está en todo Lima y en todo el Perú. En Surco, en Independencia, en VES, en SJL, en Comas, en Iquitos, en Chiclayo, en Trujillo, en Tarapoto, en Huancayo, etc., etc., etc. En todo Lima y en todo el Perú hay diferentes expresiones NoArtísticas que el público disfruta. Lo que es imperativo es que la difusión tiene que ser mayor y más fuerte. Hay que inundar los medios con estos datos hasta que volteen a vernos.
Y el arte no es La cultura sino Parte de la cultura.
¡Buen artículo y muchísimos éxitos!
Ya estoy difundiéndolo.
Anahí